Mostrando entradas con la etiqueta banderitas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta banderitas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de junio de 2013

A-Z de la Paternidad: B de Banderita















Para esta entrega semanal voy a retomar un asunto del que ya vomité unas líneas tiempo atrás: las Banderitas. 

En todas las guerras habidas y por haber, las filas vencedoras "plantaban" su banderita en el territorio conquistado... Lo mismo ocurre en las relaciones humanas, aunque con ciertos matices. Si hablamos de la vida en pareja, se suelen "colocar" banderitas al inicio de la relación, cuando se están asentando las bases de la convivencia. Vamos con algún ejemplo...
       
- Os vais a vivir juntos y el amor lo puede todo. Las noches, desde hace muchísimos años, han sido territorio de Jose Ramón de la Morena y su programa "El Larguero". Durante las primeras noches tu chica aguanta estoicamente los primeros debates entre Camacho y Clemente hasta que un fatídico día te suelta: cielo, ¿te importa apagar la radio? es que soy incapaz de coger el sueño con la radio puesta. Apagas la radio porque sí, por amor, porque eres un tío moderno, del siglo XXI y defensor de la igualdad de género. Pero pasan los años y José Ramón de la Morena se ha podido jubilar y tu no haberte dado ni cuenta... y es que tienes una banderita ondeando orgullosa encima de tu cabeza, de la que no podrás desembarazarte por los restos.

Pues bien, esto mismo se puede aplicar a las relaciones padres-hijos...

- Estamos en la Final - Four del Eurobasket, mi Real Madrid, después de años de sequía, va a luchar por levantar el trofeo... sin embargo tu hija tiene otros planes: 
Montaje cortesía de Pasándolo Pipa! Gracias jefa!

Papá, ¿pones Bob Esponja?

No Ana, estoy viendo el baloncesto. Mañana podrás ver otra vez los dibujos.

Papá, ¿pones Bob Esponja?
Papá, ¿pones Bob Esponja?
Papá, ¿pones Bob Esponja?

Durante unos segundos tu alma ha debido irse de paseo y tu cuerpo, amasijo de huesos y carne, se queda apoltronado en el sofá. El dedo índice de tu mano derecha pulsa dos botones en el mando de la tele: el 2 y el 1. Clan. Bob Esponja. Mi alma regresa de beber agua y al introducirse en mi cuerpo caigo en la cuenta de que lo más parecido a Felipe Reyes es el Sr. Cangrejo... ahí está, otra bandera ondea en mi cabeza: mi hija se ha convertido en la dueña del mando a distancia.






viernes, 8 de junio de 2012

Las banderitas son terreno conquistado

En mi trabajo somos muy de teorizar todo, desde lo eminentemente profesional hasta lo simplemente cotidiano. Una de nuestras afamadas teorías se basa en la conquista psicológica por la vía de las banderitas, de aplicación sobre todo a las relaciones de pareja.


Básicamente viene a decir que las parejas, desde el momento en que se conforman, entran en una lucha "posicional" y raras veces perceptible mediante la cual se van dejando claras ciertas posturas y tradiciones. Si un miembro de la pareja "acostumbra" al otro a que el fútbol se ha de ver en el momento en que lo televisen, sin importar que juegue la Ponferradina contra el Valladolid B, se trata de terreno conquistado; se instala la banderita del fútbol en el cerebro de la pareja perdedora y la bandera ondeará orgullosa mientras no se revuelva el abatido enemigo... momento en que una nueva lucha, mucho más perceptible y desgarradora, hará que se la bandera mantenga su ubicación o, por el contrario, se instale en la mente y el corazón del nuevo derrotado.


Con Ana empieza a ocurrir lo mismo, durante muchos meses la bandera del "sueñus interruptus" ondeó en la cabeza de mamá y papá, de forma que acudíamos a ver a Ana cuando se despertaba en mitad de la noche. Tras una "reunión de guerra" con la psicóloga del cole, decidimos tirar abajo la bandera y probar nuevas estrategias de lucha al respecto: el método Estivil. Trata de atacar al bebé caprichoso por los flancos, por donde no se lo espera... si llora o se queja durante la noche, no se le hace ni puto caso. Esa era, en resumidas cuentas, la nueva estrategia de ataque. Y aunque Ana se defendió con uñas y dientes (estuvimos apunto de batirnos en retirada) conseguimos retener sus embestidas y finalmente nuestra banderita asomaba entre los pelillos de nuestra hija... ¿hemos ganado la guerra? No, solo una batalla, desde que tenemos la nueva casa Ana ha regresado tímidamente a la lucha armada y nos ha pillado con el batallón relajado. Por suerte, son ataques menos furibundos y empezamos a tener la situación bajo control.

Con la bandera de las pinturas lo tenemos jodido, Ana no ha parado de bombardearnos desde que nació y tenemos el campo minado de banderas con su cara... de esta no nos levantamos. En nuestra defensa debo decir que no tenemos una tropa suficiente como para acudir a todas las guerras, lugares como Andorra o Gibraltar tampoco suponen mucho... pues esto es igual, hay batallas que hay que dar por perdidas y ya veremos en el futuro. Por el momento, libro virgen que coge Ana entre sus manos es un libro potencialmente pintable... lo mismo que ciertos muebles de su cuarto. Alguna vez la hemos montado una escaramuza puntual al respecto, pero ahí Ana no es que tenga una tropa, saca el batallón y se ríen todos al unísono de Ele y papá.


Son guerras, batallas, revueltas y momentos de paz... que hacen de nuestro día a día una partida de Risk (como diría el tipejo de Tonchu). Nada excesivamente sangriento ni definitivo. Ninguno gana del todo y por otro lado tampoco queda herido de muerte... es cuestión de posicionarse para los futuros enfrentamientos. Mientras tanto papá se relaja, de vez en cuando, sentado en el sofá mientras Polonia se enfrenta a Grecia en un partido trascendental para nuestras vidas... con la bandera de territorio conquistado en la retina.